Mis manías como lectora

Al ser “Mis manías como escritora” una de las entradas más vistas y valoradas en mi blog, he decidido traer ahora mis manías a la hora de ponerme a leer, que no son pocas ni comunes.

1. Las mismas manías que como escritora, que puedes consultar aquí.

2. Planificar. Cuando me pongo a leer, por ejemplo, una novela, necesito hacerme una idea del tiempo que estaré con ella. ¿Y por qué? Me suelo poner el objetivo diario de leer uno/dos/X capítulo(s) o un número determinado de páginas para que, en el caso de que el libro no me entusiasme, en lugar de abandonarlo, seguir leyendo para cumplir las metas. (Sé que a mucha gente no le gusta seguir leyendo un libro si no le atrapa, pero yo prefiero acabarlos como sea). Evidentemente si alguna obra me fascina y no quiero dejar de leerla, a pesar de haber sobrepasado el objetivo, voy a seguir leyéndola.

3. Por las noches. Cuando estoy más concentrada y más animada para leer es justo antes de irme a dormir. Durante el resto del día no rindo lo mismo. Alguna vez he leído en el autobús, pero siempre acabo distrayéndome al mirar por la ventana. Asimismo leer por la noche significa desconectar, dejar el móvil y dejar a mi mente descansar y divagar; en caso de no tener libro estaría seguramente con la mirada fija en alguna pantalla, lo que evidentemente no es recomendable.

4. Contextualizar. A la hora de empezar una nueva novela o ensayo me gusta saber quién es el autor, cuándo lo escribió, en qué circunstancias, en qué se inspiró, etc. Creo que no debe separarse la obra del autor —pese a que ello sea tema de debate—. Además, si algún día llego a publicar un libro, el hecho de que mis lectores pudieran llegar a hacer esto me haría mucha ilusión.

5. Tener un bolígrafo/lápiz a mano. Me encanta apuntar citas, frases que me hayan llamado la atención y señalar párrafos o páginas que creo que merecen la pena releer. Por ello, siempre necesito algo para apuntar todo eso en la primera página del libro y, así, ver al finalizar la obra qué partes me han marcado. Lo curioso es mirar libros que leí hace años para ver qué me pareció interesante en esa época.

6. Tener marcapáginas. Para muchos esto debe de ser algo absurdo, sin importancia; pero yo, personalmente, odio tener que buscar un trozo de papel en el último momento para marcar y, en el peor de los casos, doblar las esquinas de las hojas para indicar dónde me he quedado. Con este aspecto estoy bastante obsesionada.

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