5 poemas que deberían ser más reconocidos (de mujeres) #5

Durante el s. XX (e incluso XXI) muchas poetisas no tuvieron la oportunidad de mostrar sus poemas al mundo por el papel tan infravalorado que desempeñaban en la sociedad.

Por eso, traigo hoy otros 5 poemas más de mujeres que me encantan.

[Para ver la 4a parte de esta sección pulsa aquí]

Quien alumbra (Alejandra Pizarnik)

Cuando me miras
mis ojos son llaves,
el muro tiene secretos,
mi temor palabras, poemas.
Sólo tú haces de mi memoria
una viajera fascinada,
un fuego incesante.


Cuando te nombran (Gloria Fuertes)

Cuando te nombran,
me roban un poquito de tu nombre;
parece mentira,
que media docena de letras digan tanto.

Mi locura sería deshacer las murallas con tu nombre,
iría pintando todas las paredes,
no quedaría un pozo
sin que yo asomara
para decir tu nombre,
ni montaña de piedra
donde yo no gritara
enseñándole al eco
tus seis letras distintas.

Mi locura sería,
enseñar a las aves a cantarlo,
enseñar a los peces a beberlo,
enseñar a los hombres que no hay nada,
como volverme loco y repetir tu nombre.

Mi locura sería olvidarme de todo,
de las 22 letras restantes, de los números,
de los libros leídos, de los versos creados.
Saludar con tu nombre.
Pedir pan con tu nombre.
– siempre dice lo mismo- dirían a mi paso, y yo, tan orgullosa, tan feliz, tan campante.

Y me iré al otro mundo con tu nombre en la boca,
a todas las preguntas responderé tu nombre
– los jueces y los santos no van a entender nada-
Dios me condenaría a decirlo sin parar para siempre.


Ahora entiendo el asco (Aleida Belem Salazar)

Ahora entiendo el asco
no se habla de la muerte porque avergüenza
un hombre huye
cuando el amor lo sobrepasa
ahora entiendo del asco
en el lugar del que provienes
aprendiste a cerrar la boca
para que la digestión
de la lengua
fuera más fácil
imaginé a tu madre
llamándome puta loca
imaginé su náusea
al recordar mi nombre
mi rostro en un cristal
un cuerpo adormilado
en una camilla
un cuerpo que se idealiza
(jamás conocieron el cuerpo)
ahora sé del vómito
su pena
ahora sé por qué la huida
el deseo de sepultar la existencia
ahora entiendo
en el lugar donde naciste
nadie menciona al sueño inducido
fui el asco y la vergüenza
perdón por decir tu nombre
mil noventa y cinco veces


Danza del ego solitario (María García Díaz)

Licuado el muro de Berlín,
grafitis de leche que de mis poros brotan
en abigarrado
arrebato,
mi interior que estalla en mil
gotas orquídea
sobre este lienzo,
esta la expresión de quien subyace,
este el arte,
y así tú, flequillo santo,
tierno constructo de esta selva,
pura mirada bruta
que alumbra desde un mundo perdido,
reminiscencia del estado
en que nada sabíamos de nada,
así tú, flequillo limpio,
también expresión de quien subyace,
rubio vertido
del deseo, ha caído el amor, occidente
invertebrado. Proyección mía,
antiguos
huesos míos, querría quereros
como antaño, dejad que olvide el truco,
dejad que olvide el origen de las aguas
en las que amo
zambullirme. A la vera de un cabello
derramado
Yo Quiero sobrevivir peor.


Ariadna olvida el mar (Ana Gorría)

El rostro reclinó. Desde la orilla
todo era paz. Olor. Inmensidades.

Verdades concedidas al espacio,
suavemente oscilando entre las ramas.

Aspiró el aire frío que se abría
como un sol de papel en los pulmones.

Saber del mar su luz, su pasadizo.
Atrás dejar la sal. Volver a casa.

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